Tres tramas en la sombra
La dimisión de Adolfo Suárez fue aprovechada por los golpistas para lanzar su intentona, tras un cruce de proyectos golpistas que trabajaban en secreto. Ni el general Armada ni el teniente general Milans del Bosch contaban con la decisiva intervención de don Juan Carlos
Tres décadas más tarde, la intentona golpista del 23-F que desbarató el Rey todavía se resiste a ser enterrada para la historia con la losa de una interpretación definitiva. Aunque los hechos han quedado esclarecidos en su casi totalidad, las últimas versiones publicadas divergen en función del énfasis con que se subraya la importancia del papel desempeñado por cada una de las tramas que convergieron aquel día. ¿Fue fundamentalmente un tejerazo improvisado, un audaz golpe de mano llevado a cabo por elementos espontáneos, o un pronunciamiento militar que se sirvió de la acción detonante de los primeros? Y en la intención de algunos de los protagonistas, ¿no se trataba de una operación política estancada en la vía parlamentaria que quedó desvirtuada al tratar de imponerla por la presión de las armas?
Varios guardias civiles zarandean al general Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno, mientras el presidente Adolfo Suárez (a la izquierda) acude en su auxilio.-
El rey Juan Carlos I se dirige a la nación en la madrugada del 24 de febrero de 1981.-
La idea de 1980 fue que Suárez fuera removido con una moción de censura y sustituido por un militar monárquico
Milans se erigió en jefe de la conspiración, congeló las operaciones en marcha y las supeditó a la solución 'Armada'
Armada se mostró bien dispuesto a "sacrificarse" y a presidir, llegado el caso, un Gobierno de concentración
Alfonso Armada, "español, católico, apostólico, romano y monárquico", dice que todavía no entiende por qué le acusó el Rey
El factor sorpresa permitió a Tejero ocupar el Congreso porque el Gobierno lo ignoraba todo. ¿También el Cesid?
Armada: "Yo proponía una España con autonomía administrativa, como decía el testamento de Franco, pero no 17 autonomías"
La dimisión de Suárez desactivó la operación, pero creó las circunstancias objetivas que estimulan a los golpistas
Ese Gobierno debía estar presidido por un militar para apaciguar a los sectores más encrespados del Ejército y transmitir a la sociedad un mensaje de firmeza. Y ese militar debía ser monárquico, ya que había que asegurarse de que, a la vuelta de dos o tres años, dejaría su puesto a indicación del Rey. Durante algún tiempo, la duda estuvo en el nombre del pretendido mirlo blanco militar. El jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, fue considerado candidato potencial, pero al final se optó por un perfil menos jurídico y más militar. El elegido, Alfonso Armada, antiguo preceptor del Rey y hombre que bebía los vientos por el Monarca, había luchado con la División Azul en el frente de Rusia y era amigo del capitán general de Valencia, Jaime Milans del Bosch, el otro alto militar de más declarada pasión monárquica. Milans no disimulaba su irritación por el rumbo político del país y había llegado a insinuar que convendría "hacer algo", antes de que le llegara su pase a la reserva, en marzo
Los guardias asaltantes del 23-F no fueron procesados
Durante el encierro en el Congreso se produjeron frecuentes amenazas con armas a los diputados
Cuarenta guardias civiles penetraron en el hemiciclo del Congreso a las 8.50 del 24 de febrero de 1981, con armas en posición de disparo, y amenazaron a los diputados que permanecían secuestrados desde la tarde anterior. La irrupción de esa fuerza, que se unió a los que ya vigilaban a los parlamentarios, se produjo cuando Manuel Fraga se levantó de su escaño y lanzó en voz alta: "¿Puede la Guardia Civil tenernos como a una pandilla de forajidos a tantos hombres indefensos?", intervención que fue saludada con gritos de "!Muy bien, muy bien!" y vivas a la democracia y a España. Tras esa irrupción de hombres armados se produjo el conocido incidente de que Fraga se abrió la chaqueta y dijo: "Yo ya no aguanto más... disparen contra mí", secundado por Iñigo Cavero y Fernando Álvarez de Miranda, que también gritaron: "Dispárenme a mí". Los ocupantes lanzaron órdenes tajantes de sentarse, que fueron desobedecidas por Fraga, quien abandonó el salón y al que ya no se le volvió a ver hasta el fin de la ocupación, a las 12.15 de ese día.



FRANCISCO LAÍNA - PRESIDENTE DEL GOBIERNO PROVISIONAL EN EL 23-F
ResponderEliminar"El Rey me puso en alerta: '¡Cuidado con Armada!"
Una jornada particular
El consejero delegado del grupo Prisa y primer director de EL PAÍS cuenta cómo se vivió el 23-F en este periódico y cómo decidió sacar una edición especial a favor de la Constitución en pleno golpe de Estado
¿Qué hiciste aquel día?
Mi general: con usted, no
Las calles se vaciaron mientras se libraba la batalla de jefes en que derivó el 23-F. Después, una explosión de apoyo popular dejó claro que el tiempo de los ultras se había acabado
Los que quedan del golpe
Armada escribe sobre Jovellanos. Tejero se prodiga poco. Pardo Zancada se ha vuelto un defensor de la Constitución. Cortina, que fue absuelto, es un exitoso empresario
Humillados en la habitación del pánico
No había teléfonos móviles, ni Facebook, tampoco Twitter. Lo que sobraba era miedo